El Teatro Símurgh ha sido fundado por Fiore Zulli y Carla Robertson. Nace en Bolivia con el nombre de TEATRO DEL OGRO y desde hace un año están residiendo en Quito, Ecuador. Es un conjunto de teatro profesional cuyos espectáculos pueden ser representados en teatros tradicionales así como también en lugares no convencionales, donde se requiere siempre una cierta flexibilidad del lenguaje escénico para la comunicación con el público. Considera importante, para su búsqueda, trabajar con actores y colaboradores de distintas nacionalidades, razas o culturas.
La búsqueda del Teatro Símurgh aspira a una actualización constante del evento teatral a partir de las raíces de la tradición.
Desde su punto de vista, “actualizar” significa lograr cumplir en la época actual con la función primigenia del arte escénico, como experiencia de atención y contacto entre actores y espectadores. El teatro, parafraseando Peter Brook, como un microscopio espiritual para observar aspectos que normalmente no vemos en la realidad humana y social de cada día.
Sobre el nombre
El Símurgh tiene un simbolismo muy variado en el pensamiento de los místicos y en la literatura Persa. En las fuentes mitológicas más antiguas de esa tradición, es el nombre dado a una categoría de pájaros míticos posesores y dispensadores de los poderes divinos de la creación y de la curación. En época islámica, el Símurgh representa simbólicamente no solo la manifestación de la divinidad, sino que es también el símbolo del Yo oculto.
El nombre de nuestro teatro viene del libro “La Conferencia de los Pájaros” del poeta místico Sufi del siglo XII, el persiano Farid ad-Din Attar. En dicho libro, cien mil volátiles de todas las especies se reúnen para escoger como rey al fabuloso pájaro Símurgh y deciden llegar a su reino. Emprenden así el viaje, pero solo treinta de ellos logran llegar a destino después de haber atravesado los siete valles donde se desdobla la “mística vía”, una representación simbólica de los estadios que, con constante progresión, el alma recorre para llegar a la perfección divina. El Sî Murg (que significa “el treinta pájaros”) resulta ser en realidad el espejo donde se verán reflejados aquellos treinta que llegan a su destino, descubriendo finalmente que el Símurgh son ellos mismos.
Así el poeta en el epilogo de su obra exhorta a los lectores a releer repetidas veces sus versos, porque, dice: “los hijos de la ilusión han naufragado en la música de mis versos, pero los hijos de la realidad han penetrado mis secretos”.








